Decálogo para olvidarte
… y cuando me de vuelta, que te conviertas en estatua de sal … (decálogo para olvidarte)
1. Mesura. Contar los días, de la misma forma en que se hace para dejar cualquier vicio; aferrarme a las horas, confiar en ellas, recordando siempre que su tarea es agotarse, pasar, acumularse sobre la memoria hasta anegarla.
2. Distancia. No llamarte, no escribirte, no tocar tu timbre, no esperar tus llamadas, no esperar tus mensajes, no atender mi timbre con la renovada esperanza de encontrarte al otro lado de mi puerta.
3. Higiene. Borrar todas tus huellas, quemar tus fotos, tirar tu ropa y regalar tus muebles, eliminarte de todas las agendas, de los discados rápidos, de mis itinerarios, del olor en la piel.
4. Templanza. Manejar con cuidado los estimulantes; el alcohol y las drogas pueden procurar cierto alivio relativo, pero los estados de euforia son difíciles de manejar, generan flaqueza y favorecen la distracción del objetivo principal. Y el objetivo es olvidarte. Repetirlo como un mantra: el objetivo es olvidarte, el objetivo es olvidarte…
5. Cordura. Durante el día saltar, gopear las paredes, morder las patas de las sillas, gritar por las ventanas, insultar a los automovilistas, maltratar a los empleados públicos; por la noche transpirar las sábanas en la cama solitaria y mantenerme impasible en la marea de las pesadillas.
6. Sinceridad. Reconocer para mí mismo que tu íntimo deseo es no volver a verme, y clausurar de una vez este ridículo diálogo que mis pensamientos insisten en sostener –tan obstinadamente– con tu figura imaginaria.
7. Soledad. Mantenerme al margen de nuevas relaciones; en las actuales condiciones de depresión y melancolía están destinadas al fracaso por efecto de la comparación. Un nuevo fracaso equivaldría a la pérdida definitiva del frágil equilibro hasta ahora alcanzado.
8. Estoicismo. Perder todas las esperanzas, y aguantarme así, sin ellas.
9. Paciencia. No perder de vista que, antes o después, al final no quedará nada del dolor que hoy parece abrumador.
10. Decisión. Volver a la triste realidad del mundo que no te contiene.
http://costanegra.blogspot.com/
L’ultimo bacio, cerchi riparo fraterno conforto, tendi le braccia allo specchio, ti muovi a stento e con sguardo severo, di quei violini suonati dal vento, l'ultimo bacio brucia sul viso come gocce di limone, l'eroico coraggio di un feroce addio, ma sono lacrime mentre piove piove, mentre piove piove . . .
domingo, 30 de enero de 2011
miércoles, 26 de enero de 2011
Julio Cortázar
BOLERO
Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
Y este fragmento:
La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.
Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
Y este fragmento:
La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.
lunes, 17 de enero de 2011
Luiz Fernando Verissimo
ResiduosUn hombre y una mujer se encuentran en el palier, cada uno con su bolsa de residuos. Es la primera vez que se hablan.
—Buen día.
—Buen día.
—Usted es del 610.
—Y usted es del 612.
—Sí.
—Todavía no lo conocía personalmente.
—Ajá.
—Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de residuos…
—¿Mis qué?
—Sus residuos.
—Ah.
—Noté que nunca es mucho. Su familia debe ser chica…
—La verdad, soy yo solo.
—Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
—Es que tengo que hacerme la comida. Y como no sé cocinar…
—Entiendo.
—Usted también…
—Tratáme de vos.
—Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por el estilo…
—Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra…
—¿Usted… vos no tenés familia?
—Tengo, pero no aquí.
—En Espíritu Santo.
—¿Cómo sabés?
—Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
—Sí. Mamá escribe todas las semanas.
—¿Ella es maestra?
—¡Qué increíble! ¿Cómo fue que adivinaste?
—Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
—Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos…
—Y… no.
—El otro día tenía un telegrama abollado.
—Sí.
—¿Malas noticias?
—Mi padre. Murió.
—Lo siento mucho.
—Ya estaba muy viejito. Allá en el Sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
—¿Fue por eso que volviste a fumar?
—¿Cómo sabés?
—De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura etiquetas de cigarrillos.
—Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
—Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
—Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
—Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
—¿Te peleaste con tu novio, no es cierto?
—¿Eso también lo descubriste en la basura?
—Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Después, muchos pañuelos de papel.
—Sí, lloré bastante, pero ya pasó.
—Pero hoy todavía veo unos pañuelitos…
—Es que estoy un poco resfriada.
—Ah.
—Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bolsas.
—Sí…, es que… me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
—¿Novia?
—No.
—Pero hace algunos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
—Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
—Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
—¡Vos ya estás analizando mis residuos!
—No puedo negar que me interesaron.
—Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte. Creo que fue por la poesía.
—¡No! ¿Vos viste mis poemas?
—Los vi y me gustaron mucho.
—¡Pero son malísimos!
—Si realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
—Si hubiera sabido que los ibas a leer…
—No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; ¿lo que alguien tira a la basura, sigue siendo de su propiedad?
—Creo que no, la basura es de dominio público.
—Tenes razón. A través de la basura, lo particular se hace público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿Será así?
—Bueno, ya estás profundizando demasiado en el tema de la basura. Creo que…
—Ayer, en tus residuos…
—¿Qué?
—¿Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
—Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
—Me encantan los camarones.
—Los pelé, pero todavía no los comí. Quizás podríamos…
—¿Cenar juntos?
—Claro.
—No quiero darte trabajo.
—No es ningún trabajo.
—Se te va a ensuciar la cocina.
—No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
—¿En tu bolsa o en la mía?
—Buen día.
—Buen día.
—Usted es del 610.
—Y usted es del 612.
—Sí.
—Todavía no lo conocía personalmente.
—Ajá.
—Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de residuos…
—¿Mis qué?
—Sus residuos.
—Ah.
—Noté que nunca es mucho. Su familia debe ser chica…
—La verdad, soy yo solo.
—Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
—Es que tengo que hacerme la comida. Y como no sé cocinar…
—Entiendo.
—Usted también…
—Tratáme de vos.
—Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por el estilo…
—Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra…
—¿Usted… vos no tenés familia?
—Tengo, pero no aquí.
—En Espíritu Santo.
—¿Cómo sabés?
—Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
—Sí. Mamá escribe todas las semanas.
—¿Ella es maestra?
—¡Qué increíble! ¿Cómo fue que adivinaste?
—Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
—Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos…
—Y… no.
—El otro día tenía un telegrama abollado.
—Sí.
—¿Malas noticias?
—Mi padre. Murió.
—Lo siento mucho.
—Ya estaba muy viejito. Allá en el Sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
—¿Fue por eso que volviste a fumar?
—¿Cómo sabés?
—De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura etiquetas de cigarrillos.
—Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
—Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
—Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
—Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
—¿Te peleaste con tu novio, no es cierto?
—¿Eso también lo descubriste en la basura?
—Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Después, muchos pañuelos de papel.
—Sí, lloré bastante, pero ya pasó.
—Pero hoy todavía veo unos pañuelitos…
—Es que estoy un poco resfriada.
—Ah.
—Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bolsas.
—Sí…, es que… me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
—¿Novia?
—No.
—Pero hace algunos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
—Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
—Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
—¡Vos ya estás analizando mis residuos!
—No puedo negar que me interesaron.
—Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte. Creo que fue por la poesía.
—¡No! ¿Vos viste mis poemas?
—Los vi y me gustaron mucho.
—¡Pero son malísimos!
—Si realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Solamente estaban doblados.
—Si hubiera sabido que los ibas a leer…
—No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; ¿lo que alguien tira a la basura, sigue siendo de su propiedad?
—Creo que no, la basura es de dominio público.
—Tenes razón. A través de la basura, lo particular se hace público. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿Será así?
—Bueno, ya estás profundizando demasiado en el tema de la basura. Creo que…
—Ayer, en tus residuos…
—¿Qué?
—¿Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
—Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
—Me encantan los camarones.
—Los pelé, pero todavía no los comí. Quizás podríamos…
—¿Cenar juntos?
—Claro.
—No quiero darte trabajo.
—No es ningún trabajo.
—Se te va a ensuciar la cocina.
—No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
—¿En tu bolsa o en la mía?
domingo, 16 de enero de 2011
María Elena Walsh
Las estatuas
Cuando llueve me dan no sé qué
las estatuas.
Nunca pueden salir en pareja
con paraguas,
y se quedan como en penitencia,
solitarias.
Cuando llueve me dan no sé qué
las estatuas.
Nunca pueden salir en pareja
con paraguas,
y se quedan como en penitencia,
solitarias.
Señalando la fatalidad
en las plazas,
miran serias pasar cochecitos
y mucamas.
No se ríen porque no tuvieron
nunca infancia.
en las plazas,
miran serias pasar cochecitos
y mucamas.
No se ríen porque no tuvieron
nunca infancia.
Marionetas
grandes, quietas,
con ellas no juega nadie.
Pero si una sombra mala
para siempre las borrase,
qué dolor caería
sobre Buenos Aires.
grandes, quietas,
con ellas no juega nadie.
Pero si una sombra mala
para siempre las borrase,
qué dolor caería
sobre Buenos Aires.
Cuando llueve y me voy a dormir
las estatuas
velan pálidas hasta que llegue
la mañana,
y del sueño de los pajaritos
son guardianas.
velan pálidas hasta que llegue
la mañana,
y del sueño de los pajaritos
son guardianas.
Su memoria procuran decir
sin palabras
y nos piden la poca limosna
de mirarlas
cuando quieren contarnos un cuento
de la Patria.
sin palabras
y nos piden la poca limosna
de mirarlas
cuando quieren contarnos un cuento
de la Patria.
[estatua: La Primavera, en el Jardín Botánico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires]
viernes, 14 de enero de 2011
José María Fonollosa
Bedford Street
Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal».
«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí».
Algo debía de haber en aquel viaje
que lo hizo diferente. Más intenso.
Se veían más cosas. Ascendíamos
a inéditos sonidos y colores.
No había confusión. Hasta el detalle
más ínfimo nos era comprensible.
Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.
Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico»
Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente.
Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento.
Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal».
«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí».
Algo debía de haber en aquel viaje
que lo hizo diferente. Más intenso.
Se veían más cosas. Ascendíamos
a inéditos sonidos y colores.
No había confusión. Hasta el detalle
más ínfimo nos era comprensible.
Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.
Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico»
Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente.
Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento.
domingo, 9 de enero de 2011
Milan Kundera
"Y es que las preguntas verdaderamente serias son aquellas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse."
lunes, 3 de enero de 2011
Fernando Pessoa
Poema en línea recta
Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez
fue vil?¡Oh príncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados
-¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez
fue vil?¡Oh príncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados
-¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Julio Cortázar

HAPPY NEW YEAR
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.
viernes, 17 de diciembre de 2010
Bertolt Brecht
Canción de una amada
1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje, y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más barato, y camino desnudo al viento.
2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.
3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.
4. Ella vio que yo era malo, y me amó.
5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino, y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo: esto es todo. Y fue mi cuerpo.
6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.
7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara, pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante el viento.
(Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens.)
1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje, y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más barato, y camino desnudo al viento.
2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.
3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.
4. Ella vio que yo era malo, y me amó.
5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino, y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo: esto es todo. Y fue mi cuerpo.
6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.
7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara, pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante el viento.
(Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens.)
jueves, 16 de diciembre de 2010
Roland Barthes
Fragmentos de un discurso amoroso
"El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación."
"El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación."
Baruch Spinoza
Lo bueno será aquello que le conviene al cuerpo, lo malo, por el contrario, aquello que lo debilita. Lo bueno es libre y razonable, lo malo es esclavo y débil. Lo bueno son las relaciones de cuerpos que aumentan las potencias, lo malo son las relaciones de cuerpos que generan la impotencia. La buena persona será aquella que aumenta las potencias, la mala, aquella que las debilita.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Oscar Wilde
Mi voz
En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.
Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
y la ruina corre las cortinas de mi lecho.
Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
solamente una lira, un laúd, el encanto sutildel violoncello, la música del mar
que duerme, mímico eco, en su concha marina.
Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001
En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.
Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
y la ruina corre las cortinas de mi lecho.
Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
solamente una lira, un laúd, el encanto sutildel violoncello, la música del mar
que duerme, mímico eco, en su concha marina.
Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001
lunes, 6 de diciembre de 2010
Pedro Salinas
Si me llamaras, si...
¡Si me llamaras, si,
si me llamaras!
Lo dejaría todo, todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!
-será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca desde a voz que dice:
"No te vayas."
¡Si me llamaras, si,
si me llamaras!
Lo dejaría todo, todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!
Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!
-será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.
Nunca desde los labios que te beso,
nunca desde a voz que dice:
"No te vayas."
Federico García Lorca
Tengo miedo a perder
la maravilla de tus ojos de estatua
y el acento que de noche
me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser
en esta orilla tronco sin ramas,
y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
la maravilla de tus ojos de estatua
y el acento que de noche
me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.
Tengo pena de ser
en esta orilla tronco sin ramas,
y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.
Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Gabriel Celaya
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Roberto Bolaño
Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó, que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo. Tal vez
mañana empieces de nuevo.
Y el sudor, el frío,
los detectives erráticos, sean como un sueño.
No te desanimes.
Ahora tiemblas, pero tal vez
mañana todo empiece de nuevo.
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó, que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo. Tal vez
mañana empieces de nuevo.
Y el sudor, el frío,
los detectives erráticos, sean como un sueño.
No te desanimes.
Ahora tiemblas, pero tal vez
mañana todo empiece de nuevo.
martes, 23 de noviembre de 2010
Juan Gelman
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí la sed, hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el aire, hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el amor, hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el hombre,hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran
hasta aquí la sed, hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el aire, hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el amor, hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el hombre,hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran
jueves, 18 de noviembre de 2010
Oliverio Girondo
Lo que esperamos
Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos del asfalto y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse
de atraernos y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso
a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.
Oliverio Girondo-Argentino-1891/1967
Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos del asfalto y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse
de atraernos y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso
a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.
Oliverio Girondo-Argentino-1891/1967
William Carlos Williams
Justo es decirlo
Me comí
las ciruelas
que había
en la nevera
y que
probablemente tú
reservabas
para desayunar.
Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.
Me comí
las ciruelas
que había
en la nevera
y que
probablemente tú
reservabas
para desayunar.
Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Octavio Paz
Nuevo rostro
La noche borra noches en tu rostro,
derrama aceites en tus secos párpados,
quema en tu frente el pensamiento
y atrás del pensamiento la memoria.
Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme.
La noche borra noches en tu rostro,
derrama aceites en tus secos párpados,
quema en tu frente el pensamiento
y atrás del pensamiento la memoria.
Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme.
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