domingo, 20 de marzo de 2011

Boris Pasternak

Hay que vivir sin imposturas

Hay que vivir sin imposturas
Vivir de modo que con el tiempo
Nos lleguemos a ganar el amor del espacio,
y oigamos la voz del futuro.

Hay que dejar blancos
En el destino y no en el papel
y en los márgenes anotar
Pasajes y capítulos de la vida entera.

Debemos sumirnos en el anónimo
Y ocultar en él nuestros pasos
Tal como se oculta el paisaje
Tras una niebla espesa.

Otros siguiendo tus huellas, frescas
Recorrerán tu camino palmo a palmo,
Pero tú mismo no debes distinguir
La derrota de la victoria
No debes renunciar ni a una brizna de tí mismo.
Tú debes estar vivo.
Solamente vivir
Hasta el final.


(Boris Pasternak, Moscú, Rusia, 1890-1960)

miércoles, 16 de marzo de 2011

Roque Dalton

Como tú

Yo como tú
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.


También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.

Y que mis venas no terminan en mí,
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

jueves, 3 de marzo de 2011

Jorge Luis Borges

''Para una versión del I Ching''

El porvenir es tan irrevocable
como el rígido ayer. No hay una cosa
que no sea una letra silenciosa
de la eterna escritura indescifrable
cuyo libro es el tiempo. Quien se aleja
de su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
es la senda futura y recorrida.
El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres. La ergástula es oscura,
la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro
puede haber una luz, una hendidura.
El camino es fatal como la flecha.
Pero en las grietas está Dios, que acecha.

martes, 1 de marzo de 2011

Cesare Pavese

Last blues, to be read some day

Era un solo galanteo,
seguramente lo sabías
-alguien fue herido
hace mucho tiempo.

Todo está igual,
el tiempo ha pasado
-un día llegaste,
un día morirás.

Alguien murió
hace mucho tiempo
-alguien que intentó,
pero no supo.

sábado, 26 de febrero de 2011

Jorge Luis Borges

La moneda de hierro / The Iron Coin

Here is the iron coin. Let us ask
The two opposing faces what will be the answer
To the obstinate question that no one has not asked himself:
Why does a man require that a woman should love him?
Let us see. On the upper sphere are interwoven
The fourfold firmament borne up by the flood
And the unalterable planets.
Adam, the young father, and the young Paradise.
The evening and the morning. God in every creature.
In this pure labyrinth is your reflection.
Let us toss again the iron coin
Which is also a magic mirror. Its reverse side
Is no one and nothing and darkness and blindness. That is you.
The two faces forge a single iron echo.
Your hands and your tongue are unfaithful witnesses.
God is the ungraspable centre of the ring.
He neither praises nor condemns. He behaves better: he forgets.
Falsely charged with infamy, why should they not love you?
In the darkness of the other we seek our darkness;
In the glass of the other, our necessary glass.

J. L. BORGES (1976)



Aquí está la moneda de hierro. Interroguemos
las dos contrarias caras que serán la respuesta
de la terca demanda que nadie no se ha hecho:
¿Por qué precisa un hombre que una mujer lo quiera?

Miremos. En el orbe superior se entretejan
el firmamento cuádruple que sostiene el diluvio
y las inalterables estrellas planetarias.
Adán, el joven padre, y el joven Paraíso.

La tarde y la mañana. Dios en cada criatura.
En ese laberinto puro está tu reflejo.
Arrojemos de nuevo la moneda de hierro
que es también un espejo magnífico. Su reverso
es nadie y nada y sombra y ceguera. Eso eres.
De hierro las dos caras labran un solo eco.
Tus manos y tu lengua son testigos infieles.
Dios es el inasible centro de la sortija.
No exalta ni condena. Obra mejor: olvida.
Maculado de infamia ¿por qué no han de quererte?
En la sombra del otro buscamos nuestra sombra;
en el cristal del otro, nuestro cristal recíproco.

lunes, 21 de febrero de 2011

Alejandro Jodorowsky

‎''No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que se es. Desde la infancia nos endilgan destinos ajenos. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.''

José Agustín Goytisolo

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía, es mejor vivir
con la alegría de los hombres,
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada,
te sentirás perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto,
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Un hombre sólo, una mujer así,
tomados de uno en uno,
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a tí,
cuando te escribo estas palabras,
pienso también en otros hombres.

Tu destino está en los demás,
tu futuro es tu propia vida,
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares,
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname, no sé decirte
nada más, pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre, siempre, acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en tí como ahora pienso.



(José A. Goytisolo: poeta español nacido en Barcelona en 1928, en el seno de una familia burguesa donde se respiró siempre un gran ambiente intelectual. Maestro de la poesía libre, que para él, era la «menos libre de todas si está bien hecha». Y bien hecha significa «con música interna». Fue además escritor, traductor y crítico literario, siendo su característica principal una curiosa combinación de nostalgia, humor e ironía. Se suicidó en 1999.)

jueves, 17 de febrero de 2011

Richard Linklater




''Antes del atardecer'' es una película de 2004 dirigida por Richard Linklater. Es la secuela de ''Antes del amanecer'' del mismo director. Entre una película y otra pasaron 9 años, los mismos que transcurren en la narración. No sólo atrae el romanticismo de la historia, sino también los diálogos sobre temas diversos, ya desarrollados en la 1º película, pero ahora tratados con mayor madurez por los personajes: política, religión, matrimonio, sueños.

Nueve años han pasado desde el encuentro de Jesse y Celine en Viena. Jesse se ha convertido en un escritor exitoso, Celine en una ecologista militante. Mientras que Jesse responde a una entrevista y firma dedicatorias en una librería anglófona de París, Celine aparece. Ella se reconoce en el personaje del último libro de Jesse. Deciden caminar un poco por las calles de París. Se informa que Celine no ha podido asistir a la cita que ellos habían fijado para 6 meses después de su primer encuentro en Viena (dicho en la anterior película). Ella explica que tuvo que asistir al entierro de su abuela (la abuela a la que Celine visita en Budapest en ''Antes del amanecer'').

En 9 años, muchas cosas han pasado, Jesse se ha casado y ahora es padre. Celine trabaja como responsable de proyectos humanitarios por la India, aunque está afincada en París, donde tiene un novio. Detrás de esta apariencia de éxito, Jesse y Celine van a revelar poco a poco sus debilidades. Primero Jesse, infelizmente casado y todavía enamorado de Celine, luego Celine, hacia el final de la película, en una escena en que explota todo lo que había ido guardando hasta el momento.

El final de la película es memorable; Jesse lleva a Celine hasta su piso y le pide permiso para subir, aunque sea un rato, para que le cante una canción. Por primera vez en la película, en que los dos no han parado de hablar, tienen su primer gran silencio al subir la escalera. En el piso, Celine acepta tocar una canción con la guitarra, un vals cuya letra indica claramente sus sentimientos hacia la noche que vivieron en Viena. Se levanta y prepara un té. Jesse pone un disco de Nina Simone, "Just in time". Celine empieza a bailar y a imitar a la cantante en el escenario, con su peculiar manera de dirigirse al público en mitad de las canciones.
Jesse, sentado en el sofá, la mira con una sonrisa de felicidad. Siguiendo su imitación de Nina Simone, Celine le dice "Bebé... vas a perder tu vuelo". Jesse le contesta, emocionado y feliz, "Ya lo sé". Se ríe mientras Celine sigue bailando.
Fundido al negro y títulos de crédito, que dejan las puertas abiertas a la imaginación.



Henry Miller

Estamos ahora en el otoño de mi segundo año en París. Me mandaron aquí por una razón que todavía no he podido desentrañar. No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios. Entonces, ¿éste?. Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que les parezca. Cantaré para ustedes, desentonando un poco tal vez, pero cantaré. Cantaré mientras la palman, bailaré sobre su inmundo cadáver. Para cantar primero hay que abrir la boca. Hay que tener dos pulmones y algunos conocimientos de música. No es necesario tener un acordeón, ni una guitarra. Lo esencial es querer cantar.
Así, pues, esto es una canción. Estoy cantando.

Jorge Luis Borges

*El idioma

«El idioma es un ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia del mundo. Lo que nombramos sustantivo no es sino abreviatura de adjetivos y su falaz probabilidad, muchas veces. En lugar de contar frío, filoso, hiriente, inquebrantable, brillador, puntiagudo, enunciamos puñal; en sustitución de ausencia del sol y progresión de sombra, decimos que anochece».


(Tomado de «Examen de metáforas», en Inquisiciones, Madrid, Alianza, pág. 71.)

*Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografia del siglo xviii, las etimologias, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o de la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar.

Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Asi mi vida es una fuga y todo to pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

(El hacedor. Buenos Aires: Emecé, 1960)

lunes, 14 de febrero de 2011

José Hierro



''Liar King en los claustros''

Hernán Brienza

El bello fiero amor que tanto miedo da

Hoy es San Valentín. Anoche, seguramente para esperarlo, miles de parejas reservaron mesa en restaurantes pretenciosos de Palermo y luego se mataron en un hotelito de ocasión. Posiblemente, las fábricas de látex aumentaron sus ventas, las floristas se hicieron la noche y los taxistas debieron soportar en la parte de atrás del auto arrumacos y palabras caramelizadas. Seguramente, millones de hombres se engolaron, enarcaron sus cejas y se deshicieron en promesas. Y ellas los miraron con ojos de vaca enamorada y creyeron por una noche que era posible ser Meg Ryan o Julia Roberts. En los estéreos de los autos los parlantes derramaron miel y hubo regalos y sonrisas y mimos y acrobacias sexuales y no faltaron los sofisticados que hicieron malabarismos escenográficos y actorales para sorprender, seducir, impresionar a la dama. Pero “un poco de miel no basta, un poco de miel no basta”, reza como en una letanía Gustavo Cerati. El amor, si todavía tiene algo de sentido esa palabra prostituida, nada tiene que ver con la pantomima industrial del capitalismo. El verdadero amor no es consumible, no es productivo. El verdadero enamorado no es un comensal, ni un Don Juan; es, acaso, alguien que está fuera del mercado, que no se detiene en escaparates de tiendas prolijamente diseñadas con corazones de peluche, que no puede concentrarse en sus tareas productivas, que se deshace obsesionado en el rostro de la persona que ama.
El amor, convengamos, es una enfermedad, una patología.
Y en estos tiempos de cinismo –y quizás el cinismo sea el último refugio de los románticos o, su contracara, la antesala de una elegante cobardía– el brutal y bendito amor, ese que tanto miedo da, sea uno de los únicos momentos que justifiquen nuestra existencia.
Odio los sanvalentines –aclaremos que no hay ningún Valentín en el santoral católico que haya tenido un gesto romántico (los católicos, se sabe, no son muy afectos a estos descarrilamientos pasionales), se trata de una fiesta anglosajona cuyo inicio se debe al matrimonio entre una reina y un rey con un par de números romanos en sus nombres–. Pero no los odio por una reivindicación hispanoamericana y antiimperialista –otro lugar común si los hay–. Los odio con la misma intensidad que a Cupido, quien, dicho sea de paso, es un lindo angelito para practicar tiro al blanco. Aborrezco –admito que no es necesario tomarse con demasiado dramatismo esta proclama– la mercantilización del único momento en la vida en que hombres y mujeres se justifican ante la absurda inmensidad.
Acá, es decir, en la frase que sigue a continuación, planto bandera y cavo trincheras: el amor no es una alegría, aun cuando signifique nuestra felicidad. Sólo quien no se ha enamorado nunca cree que el amor está ligado a la belleza de la vida. Todos sabemos que tiene puntos de contacto con la dignidad del egoísmo, con la templada propiedad, con el deseado desgarro, con la renuncia sublime, con la enajenación, con la sagrada y venerada estulticia. Todos sabemos que el amor nos vuelve “Hitleres” de entrecasa, sutiles “Napoleones y emperatrices” o mínimos “Mozarts” de salón. Y siempre, siempre, en defectuosos y prepotentes poetas.
Imposible saber qué es el amor en términos universales. En mi caso siempre se ha presentado en forma desagradable, con un espasmo en el pecho, con una revolución en las entrañas, con un leve y sostenido mareo existencial y un temblor incontrolable en las piernas. Sazonado, claro, con el espejismo de creer que la presencia de ella hacía más habitable el mundo y con la necedad de creer que yo podía ser mejor de lo que era. Hasta ahí los síntomas. Ahora intentaré una definición por extensión ya que, como se sabe, definir el amor por comprensión es una quimera. Amor es: la promesa de eternidad en las miradas, las sonrisas que funcionan como antídoto frente al desamparo, el rubor acompañado con sudor después del orgasmo, “dos mañanas juntas” (como decía Marechal), es la chica que en la esquina espera silenciosa a que pase el pibe que adora, es el marido abandonado que con un vaso de Jack Daniel’s en la mano se debate en la balaustrada entre arrojarse o no al vacío, es el desayuno entre tostadas y mermeladas abiertas, es las ganas y el desgano, es la mujer que se quedó al lado de su hombre sabiendo qué él no la amaba, y es ese hombre que se quedó con ella aún cuando no la amaba, porque ambos, tal vez de forma mezquina, se amaban, es Romeo y Julieta, claro, y Tristán e Isolda, es la diosa Ishtar que renuncia a sus poderes para salvar a su amado del infierno y es Orfeo, capaz de cantar una canción tan hermosa como “Mañana de Carnaval” para rescatar a Eurídice de la muerte –porque convengamos que quien no ha sido alguna vez salvado del infierno por un amor no ha conocido el amor–. Es Werther y Robin y Marian, y la muchacha que te mira en el subte y no volvés a ver nunca más pero intuís que no hay amor más perfecto que esa brevedad, es el sostén del amor después del amor, aun cuando se torna anodino y rutinario. Es el desamor, es la angustia de esperar minutos interminables que te llame o se te conecte al messenger. Es el sí ante el altar y la “liturgia de las despedidas”. Es Cyrano de Bergerac… es exactamente una escena de Cyrano de Bergerac. La de esa noche tormentosa en que Cyrano le confiesa amparado por la oscuridad su amor a Roxana. Son esas palabras que suben por la enredadera como baja el licor por la garganta. Porque el amor sea quizás eso, un par de palabras. Y una renuncia. La renuncia de Cyrano, quien después de proclamar su amor se escapa por la pradera sabiendo que Christian recogerá los besos de Roxana. Pero hay algo verdadero en esa escena. Tal vez el amor sea apenas esas palabras susurradas, esa esperanza de letras y sonidos –sonidos que son audibles en el “Mild und Leise” de Wagner, en “Óleo de una mujer con sombrero”, de Silvio Rodríguez, o en “Eu sei que vou te amar”, de Jobim y Vinicius–. Después de todo, quizá el amor sea apenas la conmovedora música que nos acompaña en este trayecto surcado de hijoputeces, sonrisas y pesares.
El amor es la palabra. Es el “yo no quiero nada” de un Almafuerte que en realidad lo quiere todo. Es todo lo que se dicen, todo lo que se miran, lo que se sugieren, lo que coinciden, lo que se escuchan Celine y Jesse, en Viena y en París durante las tres horas y media que duran esas dos películas maravillosas –Antes del amanecer y Antes del atardecer–. Es, claro, ese susurro imperceptible para el espectador que pronuncia Bob Harris (Bill Murray) en el oído de Charlotte (Scarlett Johansson) en las calles de Tokio. Y la enigmática sonrisa de ella.
Es el llanto de un hombre que ruega porque no lo abandonen y la pizca de paprika que ella le pone callada y cómplice a la salsa en la cocina. Es el “placer de coincidir” y el “derramarse”. Y son las ganas de matar, también, porque hay en cada Otelo tanto amor como en cada Anna Karenina. Se me ocurre que cada vez que amamos –además de ponernos cursis como en esta contratapa– devenimos otros, somos un poco todos los que amaron. Somos Marco Antonios y Cleopatras, Quijotes y Dulcineas, Hernáncorteses y Malinches, Diegos y Fridas, Catulos y Lesbias. Nada hay más humano que esa imposibilidad. Nada más contradictorio que esa amalgama de carne, madera, besos, fluidos, gemidos, acaboses y dolores. Eso nos une. Nos hace historia. Por eso, muchachita mía, en este día despreciable de San Valentín, te digo: “Si no hay amor que no haya nada, entonces, alma mía, no vas a regatear”.


Publicado en el diario Crítica, 15 de febrero de 2010.

domingo, 13 de febrero de 2011

Roland Barthes

Fragmentos de un discurso amoroso

Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones.
Hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que voy a imitar la pérdida del objeto amado y provocar todos los afectos de un pequeño duelo, lo cual se representa, por lo tanto, como una pieza del teatro.
La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme. La espera de una llamada telefónica se teje así de interdicciones minúsculas, al infinito, hasta lo inconfesable: me privo de salir de la pieza, de ir al lavabo, de hablar por teléfono incluso; sufro si me telefonean; me enloquece pensar que a tal hora cercana será necesario que yo salga, arriesgándome así a perder el llamado. Todas estas diversiones que me solicitan serían momentos perdidos para la espera, impurezas de la angustia. Puesto que la angustia de la espera, en su pureza, quiere que yo me quede sentado en un sillón al alcance del teléfono, sin hacer nada.
El ser que espero no es real. El otro viene allí donde yo lo espero, allí donde yo lo he creado ya. Y si no viene lo alucino: la espera es un delirio.

domingo, 6 de febrero de 2011

Giuseppe Ungaretti

Placer
Versa, 18 Febrero 1917

Ardo con la
fiebre
de este torrente de luz
Doy la bienvenida a este

día como
a dulcificante fruta
Esta noche

sentiré
remordimiento como un
alarido
perdido en el
desierto.


Versión de Rafael Díaz Borbón

sábado, 5 de febrero de 2011

Adolfo Castelo

Los solitarios.
Siempre me gustó ser un solitario.
Deambular por los bares sin respuestas, sonreir a tipos que pasan con la amabilidad de los desconocidos. Conversar con amigos de la barra que nunca voy a volver a ver.
Quejarme de la lluvia. Refunfuñar a solas. Mirar sin ver.
Siempre me gustó ser un solitario.
Inventar romances que no sucederían, a la luz de unas velas que nunca iban a arder.
Siempre me gustó el olor del asfalto, los sabores de la madrugada, ese silencio denso y suave, sí, y no me contradigo, tan denso como suave, de tanto ser testigo de la vida de los otros. Ese silencio violado por los mañaneros, los tipos que invaden cuando viene el día, dispuestos a empezar cuando para mí se termina.
Quiero decir, hombres de traje, que interrumpen el alba con el rictus seco, los labios agrietados, la mente arrebatada, la mirada en blanco. Paradigmas de una normalidad que no conozco, o que, si conocí, me esforcé en olvidar a fuerza de acariciar la noche y la utopía.
Siempre me gustó ser un solitario.
Y, entonces, escuchar cada vez que volvía los golpecitos de los tacos altos de las mujeres solas de alguna noche parca o desdichada. Víctimas de su propio maquillaje. Como yo.
Porque la noche es preciosa y es ficticia.
Porque la noche es traicionera y atractiva.
Porque la noche alimenta los sueños imposibles.
Porque cuando sobre nosotros se cae la madrugada y el alcohol se divierte con la sangre, el mudo es un cantante, el manco un carpintero, y yo, que no soy ni mejor ni peor que ellos, me convierto en aquello que quise ser pero no he sido.
Porque en la noche se esquivan los espejos y los reflejos mienten.
Porque en la noche la piedad se regala y hay consuelo.
Y todos los que han muerto están vivos.
Tiene ese qué se yo… la noche, digo.
Es que siempre me gustó ser un solitario,
porque los solitarios somos muchos, y nos juntamos en dulce compañía.
Porque los solitarios, acostumbrados como estamos al oficio, no necesitamos mirarnos para vernos. Y jamás exigimos una explicación, porque sabemos que la razón, de noche, es astuta.
Y no nos empeñamos en develar el disfraz que tiene el otro, ni por entender qué nos dice el tipo cuando dice, porque es obligación de la madrugada no andar molestando con fastidiosas segundas intenciones.
La noche tiene reglas sabias, como las tiene la mafia y la familia.
Porque los solitarios somos fabuladores y guardamos muy bien nuestros secretos.
Mientras la madrugada abraza y alimenta, ahogados en penas o entre risas, siempre, una mujer nos ama, un gato nos espera, un hijo nos reclama, un amigo nos busca, una madre nos cuida.
Siempre hay algo. Siempre hay algo más allá de la noche que nos nombra, que cobra algún sentido con el día. Hermoso, delator y necesario.
Por eso me gusta ser un solitario,
porque eso de ser un solitario
es mentira.

martes, 1 de febrero de 2011

Jorge Boccanera

Suertes

Azar no es arrojar una moneda al aire.
Ni siquiera esperar el cara o cruz...
Azar es atrapar la moneda en el aire
y huir sin dejar rastro.

domingo, 30 de enero de 2011

Gonzalo Viñao

Decálogo para olvidarte

… y cuando me de vuelta, que te conviertas en estatua de sal … (decálogo para olvidarte)

1. Mesura. Contar los días, de la misma forma en que se hace para dejar cualquier vicio; aferrarme a las horas, confiar en ellas, recordando siempre que su tarea es agotarse, pasar, acumularse sobre la memoria hasta anegarla.

2. Distancia. No llamarte, no escribirte, no tocar tu timbre, no esperar tus llamadas, no esperar tus mensajes, no atender mi timbre con la renovada esperanza de encontrarte al otro lado de mi puerta.

3. Higiene. Borrar todas tus huellas, quemar tus fotos, tirar tu ropa y regalar tus muebles, eliminarte de todas las agendas, de los discados rápidos, de mis itinerarios, del olor en la piel.

4. Templanza. Manejar con cuidado los estimulantes; el alcohol y las drogas pueden procurar cierto alivio relativo, pero los estados de euforia son difíciles de manejar, generan flaqueza y favorecen la distracción del objetivo principal. Y el objetivo es olvidarte. Repetirlo como un mantra: el objetivo es olvidarte, el objetivo es olvidarte…

5. Cordura. Durante el día saltar, gopear las paredes, morder las patas de las sillas, gritar por las ventanas, insultar a los automovilistas, maltratar a los empleados públicos; por la noche transpirar las sábanas en la cama solitaria y mantenerme impasible en la marea de las pesadillas.

6. Sinceridad. Reconocer para mí mismo que tu íntimo deseo es no volver a verme, y clausurar de una vez este ridículo diálogo que mis pensamientos insisten en sostener –tan obstinadamente– con tu figura imaginaria.

7. Soledad. Mantenerme al margen de nuevas relaciones; en las actuales condiciones de depresión y melancolía están destinadas al fracaso por efecto de la comparación. Un nuevo fracaso equivaldría a la pérdida definitiva del frágil equilibro hasta ahora alcanzado.

8. Estoicismo. Perder todas las esperanzas, y aguantarme así, sin ellas.

9. Paciencia. No perder de vista que, antes o después, al final no quedará nada del dolor que hoy parece abrumador.

10. Decisión. Volver a la triste realidad del mundo que no te contiene.




http://costanegra.blogspot.com/


miércoles, 26 de enero de 2011

Julio Cortázar

BOLERO

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.

Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos

y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.

lunes, 17 de enero de 2011

Luiz Fernando Verissimo

Residuos

Un hombre y una mujer se encuentran en el palier, cada uno con su bolsa de residuos. Es la primera vez que se hablan.
—Buen día.
—Buen día.
—Usted es del 610.
—Y usted es del 612.
—Sí.
—Todavía no lo conocía personalmente.
—Ajá.
—Disculpe mi indiscreción, pero he visto sus bolsas de resi­duos…
—¿Mis qué?
—Sus residuos.
—Ah.
—Noté que nunca es mucho. Su familia debe ser chica…
—La verdad, soy yo solo.
—Hmmm. Vi también que usa mucha comida en lata.
—Es que tengo que hacerme la comida. Y como no sé cocinar…
—Entiendo.
—Usted también…
—Tratáme de vos.
—Vos también perdoná mi indiscreción, pero vi algunos restos de comida en tus bolsas. Champiñones, cosas por el estilo…
—Es que me gusta mucho cocinar. Hacer platos diferentes. Pero como vivo sola, a veces sobra…
—¿Usted… vos no tenés familia?
—Tengo, pero no aquí.
—En Espíritu Santo.
—¿Cómo sabés?
—Vi unos sobres en la basura. De Espíritu Santo.
—Sí. Mamá escribe todas las semanas.
—¿Ella es maestra?
—¡Qué increíble! ¿Cómo fue que adivinaste?
—Por la letra en el sobre. Me pareció letra de maestra.
—Usted no recibe muchas cartas. A juzgar por sus residuos…
—Y… no.
—El otro día tenía un telegrama abollado.
—Sí.
—¿Malas noticias?
—Mi padre. Murió.
—Lo siento mucho.
—Ya estaba muy viejito. Allá en el Sur. Hace tiempo que no nos veíamos.
—¿Fue por eso que volviste a fumar?
—¿Cómo sabés?
—De un día para otro empezaron a aparecer en tu basura eti­quetas de cigarrillos.
—Es cierto. Pero conseguí dejar otra vez.
—Yo, gracias a Dios, nunca fumé.
—Ya sé. Pero he visto frasquitos de pastillas en tu basura.
—Tranquilizantes. Fue una etapa. Ya pasó.
—¿Te peleaste con tu novio, no es cierto?
—¿Eso también lo descubriste en la basura?
—Primero el ramo de flores con la tarjeta, arrojado afuera. Des­pués, muchos pañuelos de papel.
—Sí, lloré bastante, pero ya pasó.
—Pero hoy todavía veo unos pañuelitos…
—Es que estoy un poco resfriada.
—Ah.
—Muchas veces veo revistas de palabras cruzadas en tus bol­sas.
—Sí…, es que… me quedo mucho en casa. No salgo mucho, sabés.
—¿Novia?
—No.
—Pero hace algunos días había una foto de una mujer en tus bolsas. Y muy bonita.
—Estuve limpiando unos cajones. Cosas viejas.
—Pero no rompiste la foto. Eso significa que, en el fondo, querés que ella vuelva.
—¡Vos ya estás analizando mis residuos!
—No puedo negar que me interesaron.
—Qué gracioso. Cuando examiné tus bolsas, pensé que me gustaría conocerte. Creo que fue por la poesía.
—¡No! ¿Vos viste mis poemas?
—Los vi y me gustaron mucho.
—¡Pero son malísimos!
—Si realmente creyeras que son malos, los habrías roto. Sola­mente estaban doblados.
—Si hubiera sabido que los ibas a leer…
—No me los quedé porque, a fin de cuentas, estaría robando. A ver, no sé; ¿lo que alguien tira a la basura, sigue siendo de su propiedad?
—Creo que no, la basura es de dominio público.
—Tenes razón. A través de la basura, lo particular se hace públi­co. Lo que sobra de nuestra vida privada se integra con las sobras de los otros. Es comunitario, es nuestra parte más social. ¿Será así?
—Bueno, ya estás profundizando demasiado en el tema de la basura. Creo que…
—Ayer, en tus residuos…
—¿Qué?
—¿Me equivoco o eran cáscaras de camarones?
—Acertaste. Compré unos camarones grandes y los pelé.
—Me encantan los camarones.
—Los pelé, pero todavía no los comí. Quizás podríamos…
—¿Cenar juntos?
—Claro.
—No quiero darte trabajo.
—No es ningún trabajo.
—Se te va a ensuciar la cocina.
—No es nada. En seguida se limpia todo y se tiran los restos.
—¿En tu bolsa o en la mía?

domingo, 16 de enero de 2011

María Elena Walsh

Las estatuas

Cuando llueve me dan no sé qué
las estatuas.
Nunca pueden salir en pareja
con paraguas,
y se quedan como en penitencia,
solitarias.

Señalando la fatalidad
en las plazas,
miran serias pasar cochecitos
y mucamas.
No se ríen porque no tuvieron
nunca infancia.

Marionetas
grandes, quietas,
con ellas no juega nadie.
Pero si una sombra mala
para siempre las borrase,
qué dolor caería
sobre Buenos Aires.

Cuando llueve y me voy a dormir
las estatuas
velan pálidas hasta que llegue
la mañana,
y del sueño de los pajaritos
son guardianas.
Su memoria procuran decir
sin palabras
y nos piden la poca limosna
de mirarlas
cuando quieren contarnos un cuento
de la Patria.
[estatua: La Primavera, en el Jardín Botánico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires]

viernes, 14 de enero de 2011

José María Fonollosa

Bedford Street

Ella me dio el cuchillo y dijo: «Clávalo
en el segundo espacio intercostal».

«¿Cuál es?», le pregunté. Se abrió la blusa
y señaló, risueña, un punto: «Aquí».

Algo debía de haber en aquel viaje
que lo hizo diferente. Más intenso.

Se veían más cosas. Ascendíamos
a inéditos sonidos y colores.

No había confusión. Hasta el detalle
más ínfimo nos era comprensible.

Sugerí: «¿Por qué no con barbitúricos?»
«Es lento», me objetó. «Ya lo he probado.

Y el lavado de estómago es horrible.
Como un trauma mental, pero en lo físico»

Sustituí su dedo por el mío
y apoyé allí el cuchillo suavemente.

Y lo empujé de súbito. No fuera
que cambiara de idea si iba lento.

domingo, 9 de enero de 2011

Milan Kundera

"Y es que las preguntas verdaderamente serias son aquellas que pueden ser formuladas hasta por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse."

lunes, 3 de enero de 2011

Fernando Pessoa

Poema en línea recta

Nunca conocí a nadie a quien le hubiesen roto la cara.
Todos mis conocidos fueron campeones en todo.
Y yo, que fui ordinario, inmundo, vil,
un parásito descarado,
un tipo imperdonablemente sucio
al que tantas veces le faltó paciencia para bañarse;
yo que fui ridículo, absurdo,
que me llevé por delante las alfombras de la formalidad,
que fui grotesco, mezquino, sumiso y arrogante,
que recibí insultos sin abrir la boca
y que cuando la abrí fui más ridículo todavía;
yo que resulté cómico a las mucamas de hotel,
yo que sentí los guiños de los changadores,
yo que estafé, que pedí prestado y no devolví nunca,
que aparté el cuerpo cuando hubo que enfrentarse a puñetazos,
yo que sufrí la angustia de las pequeñas cosas ridículas,
me doy cuenta que no hay en este mundo otro como yo.
La gente que conozco y con quien hablo
nunca cayó en ridículo, nunca sufrió un insulto,
nunca fue sino príncipe -todos ellos príncipes- en la vida...
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana
que confiese no un pecado sino una infamia;
que cuente no una violencia sino una cobardía!
Pero no, son todos la Maravilla si los escucho.
¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez
fue vil?¡Oh príncipes, mis hermanos!
¡Basta, estoy harto de semidioses!
¿Dónde está la gente de este mundo?
¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco?
Admitirán que las mujeres no los amaron,
aceptarán que fueron traicionados
-¡pero ridículos nunca!-
Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado,
¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear?
Yo que fui vil, literalmente vil,
vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Julio Cortázar


HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Asì la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Bertolt Brecht

Canción de una amada

1. Lo sé, amada: ahora se me cae el pelo por mi vida salvaje, y me tumbo en las piedras. Me veis beber el aguardiente más barato, y camino desnudo al viento.

2. Pero hubo un tiempo, amada, en que fui puro.

3. Tuve una mujer que era más fuerte que yo, como la hierba es más fuerte que el toro: se vuelve a erguir.

4. Ella vio que yo era malo, y me amó.

5. No preguntó a dónde conducía el camino, que era su camino, y quizás iba hacia abajo. Cuando me dio su cuerpo, dijo: esto es todo. Y fue mi cuerpo.

6. Ahora ya no está en ningún lado, desapareció como una nube cuando ha llovido, la abandoné y cayó, pues ése era su camino.

7. Pero de noche, a veces, cuando me veis beber, veo su cara, pálida en el viento, fuerte y vuelta hacia mí, y me inclino ante el viento.


(Versión de Jesús Munárriz y Jenaro Talens.)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Roland Barthes

Fragmentos de un discurso amoroso

"El lenguaje es una piel. Yo froto mi lenguaje contra el otro. Mi lenguaje tiembla de deseo. La emoción proviene de un doble contacto: por una parte, toda una actividad discursiva viene a realzar discretamente, indirectamente, un significado único, que es "yo te deseo", y lo libera, lo alimenta, lo ramifica, lo hace estallar (el lenguaje goza tocándose a sí mismo); por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relación."

Baruch Spinoza

Lo bueno será aquello que le conviene al cuerpo, lo malo, por el contrario, aquello que lo debilita. Lo bueno es libre y razonable, lo malo es esclavo y débil. Lo bueno son las relaciones de cuerpos que aumentan las potencias, lo malo son las relaciones de cuerpos que generan la impotencia. La buena persona será aquella que aumenta las potencias, la mala, aquella que las debilita.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Oscar Wilde

Mi voz

En este mundo inquieto, moderno, apresurado,
tomamos todo aquello que nuestro corazón deseaba -tú y yo,
y ahora las velas blancas de nuestro barco están arriadas
y agotada la carga del navío.

Por ello, prematuras, empalidecen mis mejillas,
pues el llorar es mi contento huido
y el dolor ha apagado el rosa de mi boca
y la ruina corre las cortinas de mi lecho.


Pero toda esta vida atiborrada ha sido para ti
solamente una lira, un laúd, el encanto sutildel violoncello, la música del mar
que duerme, mímico eco, en su concha marina.



Versión de E. Caracciolo Trejo
Edición de Libros Río Nuevo 2001

lunes, 6 de diciembre de 2010

Pedro Salinas

Si me llamaras, si...

¡Si me llamaras, si,
si me llamaras!

Lo dejaría todo, todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!
-será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

Nunca desde los labios que te beso,
nunca desde a voz que dice:
"No te vayas."

Federico García Lorca

Tengo miedo a perder
la maravilla de tus ojos de estatua
y el acento que de noche
me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser
en esta orilla tronco sin ramas,
y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,
no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Gabriel Celaya

El toque delicado

Si toco en mi dolor, todo lo siento
mío, mío, perdido vagamente.
Si toco en el dolor mas de repente
me vuelvo a las estrellas y a lo bello,
yo siento el corazón que aquí me quema
como un mero detalle en el sistema.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Roberto Bolaño

Ahora tu cuerpo es sacudido por
pesadillas. Ya no eres
el mismo: el que amó, que se arriesgó.
Ya no eres el mismo, aunque
tal vez mañana todo se desvanezca
como un mal sueño y empieces
de nuevo. Tal vez
mañana empieces de nuevo.
Y el sudor, el frío,
los detectives erráticos, sean como un sueño.
No te desanimes.
Ahora tiemblas, pero tal vez
mañana todo empiece de nuevo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Juan Gelman

¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí la sed, hasta aquí el agua?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el aire, hasta aquí el fuego?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el amor, hasta aquí el odio?
¿Quién dijo alguna vez:
hasta aquí el hombre,hasta aquí no?
Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran

jueves, 18 de noviembre de 2010

Oliverio Girondo

Lo que esperamos

Tardará, tardará.

Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.

Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos del asfalto y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad,
de bosta.

Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse
de atraernos y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso
a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.

Oliverio Girondo-Argentino-1891/1967

William Carlos Williams

Justo es decirlo

Me comí
las ciruelas
que había
en la nevera

y que
probablemente tú
reservabas
para desayunar.

Perdóname
estaban deliciosas
tan dulces
y tan frías.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Octavio Paz

Nuevo rostro

La noche borra noches en tu rostro,
derrama aceites en tus secos párpados,
quema en tu frente el pensamiento
y atrás del pensamiento la memoria.

Entre las sombras que te anegan
otro rostro amanece.
Y siento que a mi lado
no eres tú la que duerme,
sino la niña aquella que fuiste
y que esperaba sólo que durmieras
para volver y conocerme.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Ezra Pound

El encuentro

Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral
ella me exploraba con sus ojos.
Y cuando me levanté para marcharme
sus dedos fueron como el tejido
de una servilleta japonesa de papel.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Sam Shepard

Si todavía rondaras por aquí
Te tomaría
Te sacudiría por las rodillas
Te soplaría aire caliente en ambas orejas
Tú, que podías escribir como una Pantera
Todo lo que se te metiera en las venas
Qué clase de verde sangre
Te arrastró a tu destino
Si todavía rondaras por aquí
Te desgarraría hasta meterme en tu miedo
Te lo arrancaría
Para que colgara como un pellejo
Como jirones de miedo
Te daría la vuelta
Te pondría de cara al viento
Doblaría tu espalda sobre mi rodilla
Masticaría tu nuca
Hasta que abrieras tu boca a esta vida

poema de Sam Shepard

(detalle de la escultura "El rapto de Proserpina" de Gian Lorenzo Bernini en el Palazzo Borghese en Roma)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

José Pedroni

POETA

Yo fui niño una vez, pero hace mucho.
Me dormía enroscado en la vereda.
Hay una voz que todavía escucho.
Hubo una mariposa. Era de seda.

Debió pisarme alguna vez un hombre.
Debió mirarme una mujer dolida.
Yo no me acuerdo. No tenía nombre.
Era, me acuerdo, como liebre herida.

Enamorada de mi sangre sola
que se dormía al sol en cualquier trigo,
la mariposa entraba en mi corola.

Yo no sé lo que ella hizo conmigo;
pero ella iba detrás de mi amapola,
ella y la voz que me llamaba amigo.


«Otros poemas». Poesías escogidas, 2009.

lunes, 25 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

Andrés Aranda

"Pasillo de la muerte de mi porteñidad"
A Buenos Aires

Tarde de sol.
Excavo el aire para perderme.
Un billete de ida hacia la muerte.

Desolación como macetas en la cabeza. Noche oscura en tus ojos.

Tristeza gris descafeinada, los dientes de la noche se van cerrando. Melancolía vana, imposible de curar. Añoranza de una soledad desesperada, que solo puede ser curada por el roce de tus manos. Nostalgias de cosas que no han pasado. Desamparo de las que no pasarán. Congoja infame que se deja abrazar.

Devastación y decadencia de mi porteñidad.

Abatimiento y desesperación porque encuentro pocos caminos para llegar a besar tu tatuaje.

Un tatuaje hecho de vías que se cruzan, de avenidas sin barro ya, de tajos de compadrito... todos me señalan un camino de piel sinuosa yendo lenta hacia la felicidad de mi lengua. Que disfruta de un café hirviente en esta tarde de casi invierno que no puedo sentir.

Tribulaciones porque acabo de verte una vez, y estás tan lejos que duele.

Te quiero porque sos puta y buena. Porque sos mía y no puedo abarcarte. Porque te descubren turistas japoneses y los colombianos cantan tangos desafinados... y no puedo verte.

Te quiero porque tenés tilos y tenés noviembre. Y los tilos en noviembre me llenan de un olor que se parece mucho al de la felicidad.

Tal vez estés poniendo flores a una tumba sola. O tal vez estés perdida en un barrio que no es el mio.

Tribulación de no ser más yo... de irme rompiendo en pedazos en una tierra extraña que nunca será la mía. Aunque parezca ser feliz aquí... nada me dará lo que vos me diste.

Personalidad. Pertenencia. Libertad.

No quiero olvidarte... hago fuerza en mi mente para enseñarle a mis neuronas tus luces y sombras, tus espacios y formas.

Ya no te busco. Creo que te he encontrado.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Federico García Lorca

"Tengo miedo a perder la maravilla de tus ojos de estatua y el acento que de noche me pone en la mejilla la solitaria rosa de tu aliento. Tengo pena de ser en esta orilla tronco sin ramas, y lo que más siento es no tener la flor, pulpa o arcilla para el gusano de mi sufrimiento. Si tu eres el tesoro oculto mío, si eres mi cruz, y mi dolor mojado, si soy el perro de tu señorío, no me dejes perder lo que he ganado y decora las aguas de tu río con hojas de mi otoño enajenado."




Federico García Lorca (1898-1936)

[fotografía Robert Mapplethorpe en la Galleria della Accademia, Firenze, Italia]

martes, 19 de octubre de 2010

César Vallejo

Los heraldos negros (1918)

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma ... yo no sé.

Son pocos; pero son... abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre ... pobre ... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes ... yo no sé!

César Vallejo (Perú, 1892 - París, 1938)

miércoles, 13 de octubre de 2010

Andrés Aranda

El no-lugar (ahí donde estoy)

''Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo.'' Jorge Luis Borges, El Libro de Arena.

Hay lugares que son "no-lugares".

Lugares insípidos e incoloros. Inodoros. Fríos. Lugares donde no hay nada. O donde hay la nada.

Espacios que uno no puede encontrar. Sitios en los que uno no puede decir: "estoy en la esquina de la calle tal con cual... vas a ver un cartel grande de Carrefour". Ni "en la segunda bajada, a la izquierda, unos doscientos metros"

Zonas donde no ocurre nada. Donde el frío es diferente, el calor agobiante; y los cigarrillos saben distinto.

Comarcas que no tienen nombre; o éste es indefinido.

Términos que nunca terminan. Ni se sabe dónde empiezan. Regiones donde los amaneceres son obra de fantasmas; y los atardeceres es un tenue apagar las luces de los alrededores y encender los puntos mágicos de los que se atreven a hollar sus terrenos. Suelos de textura inane y asombrosa. Cielos de dolorosa visión. Paisajes sádicos y ojos masoquistas que se atreven a mirar.

Situaciones difusas, escabrosas, magnéticas.

Asentamientos cerúleos, donde la nieve nunca llega, y el rocío tiene una sospechosa tendencia a hacerse lágrimas. Parajes donde nadie para. Nadie se detiene, ni siquiera a ver qué puede pasar si lo hiciera. Localidades donde no existe la fauna local, ni la flora local, ni habitantes locales.

Andurriales donde nadie anda... porque todos estamos de paso.

Partes en ninguna parte. Ámbitos donde nada se desarrolla, sino que sólo transcurre. Recintos abiertos. Locales visitantes. Rincones sin esquinas, Circuitos donde todos circulan sin volver jamás. Escondites donde nadie te ve, y ni siquiera uno se encuentra.

Solares para no andar solo y donde nada es susceptible de ser construido. Lugares donde ni siquiera el viento se detiene. Espacios donde abren brecha la lluvia y el sol de justicia.

Medios que no son la mitad de nada. Ambientes que no tienen temperatura. Puntos donde no hay otro para formar una recta, ni puentes que lo crucen, ni lagos que lo atormenten, ni ríos que lo dividan, ni edificios que lo señalen. Tal vez, algunos de estos sitios goce de la benevolente presencia de un mar en las cercanías. Pero nadie sabe cómo se llama ese mar, ni hacia que lado está.

Lugares alejados de la mano de eso que llamamos Dios, y donde las brújulas son inútiles

Confinamientos solitarios donde no hacen falta las murallas, ni las alambradas de espinos. ¿Para qué? ¿Adónde puede irse desde allí?

Cuentan las leyendas campestres que los habitantes de los no-lugares son los seres extraviados de todo, los perdidos de nada... aquellos que nadie espera; o esas personas cuyo retorno es una negación aceptada, una resignación sólida. Redimidos irredentos.

Hay lugares que son no-lugares.

Distritos del universo donde decir tu nombre es decir dónde estoy; adónde voy.

Al fin y al cabo, eso es lo que importa.

sábado, 9 de octubre de 2010

John Lennon


John Winston Lennon
Liverpool, UK
9 de Octubre de 1940
70º Aniversario
((ºJº))

viernes, 1 de octubre de 2010

Jorge Luis Borges

Arte poética

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.


Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.


Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,


ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.


A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.


Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.


También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable.

Florencia Abadi

desamor –qué raro sería, le digo, muchas vidas que se vuelvan lúcidas a la vez una lluvia que dé señales más claras– hablar me avergüenza de...

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